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Antes de empezar

Lo que conviene tener claro

Sí. Trabajamos sobre los sistemas que ya utilizáis: vuestro ERP (SAP, Dynamics, Sage, Oracle, Odoo, etc.), vuestro CRM o, si hoy esa función la hace un Excel, también sobre ese Excel. No planteamos migraciones ni obligamos a implantar un software nuevo. Por eso el diagnóstico puede completarse en tres semanas y no en tres meses. Solo incorporamos una herramienta nueva cuando realmente aporta valor, y solo sustituimos una existente si la dirección decide hacerlo.

No. Trabajamos en la oficina industrial (ventas, compras, documentación técnica, administración, reporting, dirección), nunca en planta: no tocamos MES, SCADA, robótica ni mantenimiento predictivo, eso ya tiene proveedores especializados. Cuarenta años de inversión industrial han ido a la fábrica, que hoy produce más con menos defectos. El margen que queda está en la oficina que vende, compra y decide, y ahí llevamos ya 56 proyectos en 11 meses.

Empezamos con una reunión de arranque para identificar los casos reales que vamos a seguir: una oferta, un pedido, una incidencia o el trabajo de un departamento, de principio a fin. No analizamos lo que creéis que ocurre, sino lo que ocurre de verdad en el día a día.

Primero decidimos qué conviene hacer, qué puede esperar y, si es necesario, os diremos que aún no toca invertir. Solo cuando el plan está claro presupuestamos el rediseño, en función de lo que realmente hay que construir. Y antes de dar cualquier automatización por terminada, la probamos con las personas que la van a utilizar cada día, en condiciones reales, no en una demostración.

No partimos de un software propio que tengáis que aprender. Partimos de cómo trabajáis realmente y elegimos la mejor solución para cada caso. A veces será una automatización con n8n o Make que conecte sistemas que hoy no se comunican; otras, inteligencia artificial con revisión humana; y, cuando ninguna herramienta del mercado se adapta a vuestra forma de trabajar, la desarrollamos a medida. La tecnología cambia en cada proyecto; el criterio con el que elegimos la solución, no.

Cuando alguien de vuestro equipo acaba haciendo de buscador humano: responde una y otra vez las mismas preguntas, busca un dato técnico que solo conoce una persona o revisa manualmente ofertas parecidas semana tras semana. Es el síntoma habitual de una empresa que ha crecido rápido: acumula mucho conocimiento valioso, pero está disperso y depende de las personas. Ahí la IA no sustituye el criterio de nadie; libera tiempo para que el equipo deje de buscar información y pueda dedicarlo a tomar mejores decisiones.

Cuando el problema no es de información, sino de criterio: un proceso que nunca se ha definido, una decisión que cambia según quién la tome o una herramienta que el equipo ya ha dejado de usar, aunque funcione. En esos casos, la IA no resuelve el problema; simplemente automatiza el caos. Por eso preferimos decirlo durante el diagnóstico, incluso si la recomendación es no invertir todavía, antes que entregar una automatización impecable que nadie acabe utilizando.